JESÚS NUESTRO MODELO
Jesucristo es Dios y Hombre verdadero. Como Hombre es el modelo de todos los que quieran vivir como verdaderos hombres y verdaderas mujeres; o sea, como auténticos seres humanos y como verdaderos hijos e hijas de Dios. Hoy el mundo te presenta personajes famosos como modelos para tu vida. A veces serán grandes deportistas o famosos artistas, pero como seres humanos te defraudan, porque son inmorales o viciosos o su vida es desordenada.
Sólo Jesús es el Modelo que jamás defrauda porque Él no sólo que es perfecto hombre, sino también hombre perfecto. Hemos de pedirle al Espíritu Santo que nos transforme por dentro, o sea, que logre que nuestras actitudes básicas (o virtudes) sean cada vez más parecidas a las de Jesús. Sólo entonces nuestra vida será cristiana y podremos llamarnos discípulos y amigos de Jesucristo.
La virtud es una disposición constante y firme a hacer el bien. Permite a la persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. La persona virtuosa tiende hacia el bien, lo busca y lo elige a través de acciones concretas. El objetivo de una vida virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios.
Las virtudes humanas son actitudes estables, no simplemente pasajeras, que ha de poseer toda persona humana por ser “humana”. Influyen en nuestra manera de pensar, de querer y de actuar. Ordenan nuestras tendencias y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida sana. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien. Estas virtudes se adquieren mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y semillas de nuestra buena conducta. Inclinan a nuestra persona a obrar siempre según lo que Dios quiere. La persona realmente virtuosa no sólo ama el bien, sino que aborrece el mal; como la persona limpia no sólo que goza con lo limpio, sino que le repugna lo sucio.
JESUCRISTO EN LA HISTORIA DE LOS HOMBRES
Nació en un establo, en una humilde aldea; hijo de una campesina. Creció en un pueblito donde trabajó como carpintero de barrio hasta los treinta. Por tres años fue un predicador errante. Nunca formó un hogar. No vivió en ninguna gran ciudad, ni viajó lejos de donde nació. Jamás escribió ningún libro, ni ejerció cargo alguno. No hizo ninguna de las cosas que se relacionan con la grandeza humana.
Cuando todavía era joven, la opinión de su pueblo se volvió en su contra. Sus amigos lo abandonaron; fue entregado a sus enemigos; sufrió la farsa de un tribunal de justicia y fue clavado en una cruz entre dos ladrones. Mientras agoniza-ba, sus verdugos se disputaron su única propiedad: su túnica. Lo enterraron en una tumba prestada.
Es el único personaje histórico que ha tenido el atrevimiento de decir cosas tan descomunales como: “el que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío” o “el que ame a su padre o a su madre más que a mí, no puede ser mi discípulo” o “el que ame su vida más que a mí, no es digno de mí”; cosas que sólo podían ser dichas por un demente o por Dios mismo; pero sería muy raro que la humanidad entera acepte dividir su historia tomando como punto de referencia a un demente...
Veinte siglos han pasado y sigue siendo la figura central de la humanidad. Ha tenido y tiene masas incontables de seguidores incondicionales a través de los siglos, y hombres y mujeres de toda edad, clase y condición que han muerto por Él. Sin ser artista, las piezas musicales más sublimes se han compuesto para Él, y todos los grandes pinceles le han retratado. No fue escultor, pero acapara la mejor madera, el mejor metal, el mejor mármol, el mejor marfil. Tampoco fue arquitecto, pero la filigrana en piedra de las catedrales se bordó para darle culto. Aunque no pisó la universidad, las universidades se erigieron en su nombre. Todos los ejércitos, todas las marinas, todos los parlamentos y todos los monarcas juntos no han conmovido la vida del hombre tan poderosamente como esta “Vida Solitaria”.
Cristo es el único hombre de quien se afirma con rigor histórico que atravesó el túnel de la muerte y regresó para declararnos sobre el más allá. En el mundo hay muchos sepulcros famosos por lo que contienen; los restos de personajes famosos de la historia: las tumbas de Napoleón, Jefferson, Lincoln, Kennedy o Carlos Gardel. Toda ellas son famosas por lo que contienen: los restos de personajes que vivieron y murieron. En Jerusalén, sin embargo, hay una tumba famosa, no por lo que contiene, sino por lo que no contiene… el Santo Sepulcro. El que estaba allí, hoy vive: Jesucristo. Una de las pruebas de la vivencia de Jesucristo en la Historia la aportan, sin querer, sus enemigos. No es posible que tanto odio se pueda sentir hacia un muerto… Alguien se preguntó: - ¿Qué tiene este “muerto” que a tan-tos vivos fastidia? Y descubrió que la respuesta es: - ¡Que está vivo!
“Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre…” (Hebreos 13,8)
“Si Cristo no resucitó, seríamos los hombres más dignos de lástima. Pero no: ¡Cristo resucitó!” (Cfr. 1Co 15,17-20) “No tiene importancia creer que Cristo ha muerto, lo creen los judíos, los paganos los pecadores, lo creen todos.
LA AMISTAD
¿Qué es?
• Es un afecto recíproco y desinteresado y una simpatía mutua, en la que ambos amigos se preocupan por la persona del otro, por su mejora y su bienestar. Es una unión espiritual y libre, ajena al instinto del sexo: cabe entre padres e hijos, entre hombres o mujeres.